domingo, 30 de mayo de 2021

La negra

La pequeña negra acababa de nacer. Dio su primer brinco y después otro y otro y así, brincando, se fue a su primer paseo.

Se paró en el alféizar de la casa del viejo Rubí, que últimamente no andaba al ritmo habitual. Su amigo, con el que de pequeño hacía guerras con balas de moras y con el que después siguió guerreando en el hospital donde trabajaban juntos, se mudó recientemente a ese lugar donde dejaría de pelear para siempre por los asuntos terrenales.

Así pues, estaba don Rubí, sentado en la butaca, rechazando todo tipo de visitas excepto las de las moscas que al topar con sus palmas recibían azotes. Eran los únicos momentos de cierto desahogo y entretenimiento para Rubí desde aquella fatídica mudanza de su compañero de batallas.

La negra saltó al mueble donde vio un reloj de madera. Se fijó en sus agujas. Inertes, colgando en las seis y media parecían imitar el estado de ánimo del castigador de insectos. La pequeña nota empezó a empujar con su palo las cabecitas de las agujas hasta que comenzaron a chirriar y a moverse perezosas.

Rubí abandonó su tarea de perseguir a sus visitantes alados y prestó oídos al novedoso ruido para averiguar de dónde venía.

¡Ajá!¡El reloj de la tía Cornalina!, exclamó avivado.

Cornalina era una especie de tía bruja que hechizaba todo y a todos y lo hacía siempre que aparecía, sin excepción alguna. Convertía a las personas en seres deseosos de vivir la cotidianeidad como un gran festejo. En invierno Rubí y los demás pasaban horas y horas acompañados de Cornalina y su reloj. La imaginación de la tía y el alegre tictac les hacía mover los cuerpos y las neuronas.

-No me vengas con tonterías, Rubí. No te me vas a rascar la barriga ahora. Te dejo el reloj. Ese tictac lo quiero oír esté donde esté. Y a ti te quiero ver meneando, hazme el favor -dijo un día con un tono de ruego y exigencia o tal vez simplemente, de amor.

-Y vosotras, ¿qué? -se dirigió Rubí a las manecillas, dándole cuerda al reloj.

Los corazones de ambos volvieron a palpitar aceleradamente.

Instantes después Zafiro abrió la ventana y se sentó al piano.

La negra voló hacia él y le susurró al oído la historia de Rubí.

El músico colocó cuidadosamente a la negra en el pentagrama, junto a otras negras, blancas, corcheas y semicorcheas y empezó a tocar una bella melodía, a ratos triste a ratos alegre, pero sin duda emocionante.

 

 

 


sábado, 29 de mayo de 2021

Bailarinas

Se asomó por la ventana. Un aroma primaveral y los rayos del sol se esparcieron por su casa. Sacó las zapatillas de satén y salió apresurada, dejando la puerta entreabierta. Se sentó en la orilla y sumergió los pies en el lago.

Cinco de mayo. Un tordo posaba en la rama del saúco.

Hace cinco décadas, en el día de su décimo cumpleaños, jugaba en el mismo prado. En la misma rama cantaba otro tordo. Al lado, una bella dama, con las zapatillas de ballet en la mano, paseaba rozando las aneas. La niña, menudita y de pelo color fuego, se le acercó curiosa.

-¿Qué llevas ahí? –preguntó la pequeña.

- Dos brisas que de noche se escapan para bailar sobre las ciudades y de día vuelven para bailar conmigo -respondió la bailarina-

Se fue la bella dama.

El tordo volaba junto con los espíritus de sus antepasados.

Y la mujer de cabello bermejo, meneando rítmicamente los pies en el agua, recordaba su baile en “La Bayadera”, mientras las gotas de la lluvia mojaban sus zapatillas y bailando con el aire, se zambullían en el lago.

 


martes, 25 de mayo de 2021

Los edificios moribundos

Los testeros, aún esbeltos, esperaban su fin con dignidad en aquella desierta planicie. No quedaba casi nada de lo que eran en su época dorada. Miraban la contigua carretera por la que corrían automóviles mientras los latidos de sus ladrillos se percibían cada vez más débiles. La hierba alrededor estaba reseca, los árboles otoñales mostraban sus ramas desnudas, los arbustos amenazaban son sus amarronadas espinas. Las ruinas de los edificios deseaban notar en sus proximidades algún brote fresco, una hoja verde, alguna raíz recién nacida.

Y ahí, en el medio de la espera a la muerte, aparecieron las margaritas.

Se acercaron con sus pétalos a los antiguos muros y acariciaron sus grietas. Abrazados por los neonatos recuperaron algo de fuerza. Tal vez no seguirían por mucho tiempo en aquel campo destinado a alguna construcción moderna, pero pasar el resto de su existencia acompañados de la vida que seguía surgiendo en su cercanía, les resultaba apaciguador y reconfortante.

 

 

 

lunes, 24 de mayo de 2021

Chiroptera y vulpino

 -¿Por qué tanto juicio inmerecido? Ni siquiera soy de los hematófagos. Su aspecto no le ayuda nada, señor chiroptera.

-¿Cómo va a juzgarme por eso? Se le olvida que gracias a mí el bosque creció como nunca. Usted, señor vulpino, no es que sea un santo. Antaño a sus ancestros los llamaban demonios y permítame que le diga, que en más de una ocasión usted y sus secuaces no es que fuesen los ciudadanos más ejemplares. Astutos llaman a algunos de sus compañeros. ¿Me confundo? Además, los canguros se quejan de que no hay manera de convivir con sus familiares por allí en Australia. Que son unos consumidores compulsivos, indelicados, abusadores e irrespetuosos.

-A ver, a ver. No me dirá que es lo único que se sabe de mi especie. Y yo me pregunto, de los lugares donde nos aniquilaron o donde ya pocos quedamos, ¿se sabe algo, eh? ¿Y nuestro trabajo no cuenta? ¿No colaboramos acaso en los campos, digo yo? ¿Cuánta fruta se salvó gracias a nosotros?

-Ah, ¿ha visto lo molesto que es cuando a uno se le juzga sin tener en cuenta lo que hace bien? Como ve, no somos tan diferentes, señor vulpino. Me habla de sus méritos en la agricultura. ¿Y los nuestros? Tal vez tengamos otras maneras de trabajar, pero no me dirá que nuestra labor no es igualmente valiosa. Me refiero a la fertilización, claro. Cada uno a lo suyo. ¿Y la fruta tropical? ¿No sabe que polinizamos también? Venga ya, no nos menosprecie. ¿Y los dichosos mosquitos? Yo diría que se nos da de diez liquidarlos.

-Mire, no estoy seguro de nada en este momento. Déjeme pensarlo.

-Aquí hay terreno de sobra para ambos, no se haga rogar, vulpino. Seguro que podremos convivir en buenas condiciones.

-Lo dicho, dicho está. Me lo pienso y ya le aviso.

-No le insisto más entonces. Pero no se quede con todos estos rumores que se escuchan por ahí. Infórmese mejor, se lo pido antes de contestarme.

-Me informaré. Le doy mi palabra y la mía vale, le aseguro. Hace falta que confiemos los dos.

-De acuerdo, estaré esperando su decisión.

-Que esté bien, chiroptera. 

domingo, 23 de mayo de 2021

Nacimiento de un cuento

Tímidamente abro el cofre de la imaginación.

¡Achís!, saltan duendes empolvados. ¡Plic!, derraman fantasías.

Lleno con ellas mi pluma.

 


sábado, 22 de mayo de 2021

El monstruo que devoraba al artista

Cada vez que se acercaba al escenario sentía como si éste pretendiese atacarle. Tenía una angustiosa sensación de que quería devorar su dignidad, su sudor, su valentía, su memoria, su talento y su sueño de ser artista. Bastaba con pensar en poner las puntillas sobre las tablas para que sintiera un vértigo incontrolable y tuviera una sensación que concentraba en sí la impotencia, la rabia, un intenso e inexplicable temor y ganas de luchar contra él. Mientras tanto, el escenario parecía estar soltando oleadas de obstáculos hacia el aprendiz.

¿Cómo es que me despierto pensando en ser artista cuando serlo me produce dolor?, pensaba.

Para los que no saben, les cuento que los teatros no son lugares cualesquiera y si uno necesita conectar con ellos, suelen transmitir mensajes a través de los espíritus de los artistas. Y como parece que el protagonista de este relato tenía un corazón sincero, sus preguntas no quedaron sin respuesta.

-Entiende -le habló el escenario-: tu voz tiene que ser lo suficientemente fuerte como para poder penetrar en los rincones dormidos de la gente. Tu mensaje tiene que ser capaz de provocar tormentas en la mente y en el corazón de tu público. Tu presencia ha de ser persistente para poder acompañar a tus espectadores mucho después de que abandonen las butacas. Para eso te estás curtiendo y por eso estás entrenando. Ser artista es, entre otras cosas, luchar a través de tu obra con los monstruos, los tuyos y los de los demás. Si tú te rindes, debilitas a todos a los que posiblemente puedas fortalecer. Un artista débil nunca podrá conectar con el espíritu de los espectadores. No permitas que eso ocurra. Todos los humanos tienen alguna misión. No desaproveches la tuya. No es un privilegio, es una responsabilidad muy grande. No lo olvides. Levántate y haz que los que te miren aprendan contigo cómo levantarse. No es cuestión de ser un luchador que siempre vence a sus enemigos, pero sí ser un guerrero que no se deja vencer fácilmente y que después de una derrota, se atreve a seguir batallando. Acércate a mí, pon los pies en mi superficie, eleva tu cabeza y despierta a la audiencia -terminó el tablado.

El artista subió al escenario, notó cálidas luces en su rostro, respiró profundamente, miró hacia adelante y sonrió hacia la platea.


 

Entre los colores

 

Cada mañana, antes de las matadoras horas en el colegio, metía los dedos en los posos del café de la madre y desparramándolos por el mantel de nylon liberaba criaturas de su imaginación. En la clase de ciencias sociales sacaba hojas del cuaderno y con un chicle, un cordón, un trozo de la bolsa del bocadillo y pepitas de la manzana, creaba edificaciones debajo del pupitre esperando la hora del recreo. Volviendo a casa paraba donde el kiosquero, abasteciéndose de cajas de cartón, viejas revistas, folletos y embalajes de plástico. En casa encontraba aún flores marchitas, a veces algún vaso roto o trozos de tela del taller de costura de su mamá y hasta la noche se entretenía inventando todo tipo de maravillas y motivos para regalarlas a sus familiares.

Ayer subió al desván porque su madre necesitaba la escalera. En un rincón estaba su primer caballete, el que el abuelo hizo después de la fracasada selectividad de su nieto. Bajó, apoyó la escalera y sonrió a sí mismo pensando en sus cuadros colgados en la galería de la calle Bobrowiecka.


martes, 18 de mayo de 2021

Persecución a lo familiar

El suyo era azul, igual que mi BTT. Incluso tenía menos cambios, sólo contaba con seis. Bueno, quizás uno era más chulo que los míos porque con ése podía dar marcha atrás. Pero mis ruedas eran únicas, mi hermano se puso las pilas, de lejos se veía que montaba YO.

Salíamos el sábado por la mañana, siempre a la misma hora. Él con el maletero lleno de bocadillos y salchichas para la barbacoa, yo con tortitas en la fiambrera atada atrás con cinta de goma. El destino a quince minutos de pedaleo a toda pastilla.

En mi memoria tengo esa imagen tan vívida como si desde entonces el tiempo no hubiera pasado.

Arrancamos en el primer verde saliendo del portal. Voy hábilmente por la acera de la vecina con el caniche y luego giro a la derecha. El azul a seis cambios me adelanta un poco pero solo por unos segundos. Los peatones están conmigo, así que van relajaditos por el paso de cebra. Yo, mientras tanto, corro que las cubiertas humean. En la cuesta echo pestes a mí mismo por esquivar educación física. Ese maldito monte un día acabará conmigo.

Noto que el maletero con salchichas casi roza mis tortitas.

Los de la cebra no pudieron dar más de sí. Rezo por la luz roja detrás del puente. Verde, llego yo, paso, amarillo, el del embutido casi está en los semáforos, rojo,

¡¡Uf!!!¡¡¡Ajá!!!¡¡Papá, otra vez llegué primero a la parcela!!


domingo, 16 de mayo de 2021

Buscando la luz

La polilla entró en un amplio espacio medio vacío. Aleteó golpeándose contra las paredes. Caóticamente buscaba alguna escapatoria intentando averiguar de dónde venía aquella seductora luz. Estaba segura de que ahí se encontraba su liberación.

Dos manos abrieron la ventana de par en par. En los alrededores, la noche veraniega esparcía sus olores por la pradera.

La polilla voló indecisa desde un rincón y se acercó hasta el alféizar. Estaba a punto de volver a encontrarse con su guía ancestral, la luna, cuando de repente se dio media vuelta y voló directo hacia la bombilla que le quemó las alas.


jueves, 13 de mayo de 2021

Concierto

El violín tocaba un vals armonioso y tranquilizante mientras la señora posada en el banco roncaba honda y ferozmente, el niño pedía biberón a chillidos y el perro ladraba amenazando al gato de entre los arbustos.

No pude quedarme indiferente a los sonidos yuxtapuestos, pero me había prometido que dedicaría aquella mañana al deleite de la música.

Respiré profundo y empecé a escuchar de nuevo toda una orquesta de instrumentos de lo más insólitos que pudieran alcanzar mis oídos.

Creo que debí haber entrado en alguna especie de trance combinado con ataque de histeria porque cuando recuperé la conciencia me vi de rodillas hablando a una manguera que realizaba sus tareas de riego suplicándole: ¡No desafines, por favor, no desafines!

 


Picadura mental

Una mañana soleada y amigable tuvo lugar el infortunio. Prueba evidente de que el uso de los móviles puede causar efectos adversos. Nunca pensé que ella podría llevarme a tal crisis nerviosa.

Todo parecía ir según lo previsto. Una simple llamada y la vida tenía que seguir su sendero.

Cuando ocurrió, me abandonó, no quiso aparecer. Sudé, entré en los rincones más desconocidos de mi memoria. No estaba por ningún lado. La necesitaba. Me hechizó los pensamientos. No había manera de que sin ella pudiese construir un simple enunciado. Rendida colgué, me paré y tomé un café. Ese líquido peligrosamente eficiente hizo su parte.

Maldita palabra: salió de su escondite como si nada, liberando mi agotada mente.


 


miércoles, 12 de mayo de 2021

Benditos gorriones

El hombre al que vi moría a pedazos de una visible causa de muerte común a muchos de sus contemporáneos en todo el mundo.

Murió por primera vez cuando el día de su sexagésimo cumpleaños, su jefe, glorificando pomposamente sus logros de antaño con el objetivo de disimular las prisas e indiferencia, restregó su aturdido rostro con la carta de despido.

Murió al cabo de algún tiempo durante una agónica espera a que alguien, fuera quien fuera, solicitara su ayuda, le pidiera un consejo, rogara por su compañía.

Murió unos años después cuando murieron sus peces y las dosis de su jubilación gestionadas por terceros no daban para volver a llenar el acuario de colores y de vida.

Murió otra vez cuando la enfermedad le impedía valerse por sí mismo para ponerse los calzoncillos y los rescatadores que ponían las manos en sus intimidadas piernas, lo sermoneaban de igual forma en que los adultos cansados le hablan a un crío que ya es demasiado grande para orinarse encima.

Murió de nuevo cuando un día su piso dejó de llamarse su piso y se convirtió en el local de la familia Martínez.

Y murió cuando perdió la cuenta de los días que pasaron desde la última visita de algún familiar suyo.

Lo vi. Solo. Hablando con los gorriones en el patio de la residencia. Con sus manos temblorosas les echaba migas que sacaba de la bolsa preparada para intentar captar la atención de algún ser vivo que pudiera penetrar los muros de aquel edificio. Se le acercaban hambrientos. Les hablaba aprovechando que el pan ablandaba su desconfianza y la presencia de los pequeños pájaros le reanimaba por unos instantes. Volvería a la vida una vez más, si sólo algo o alguien le permitiese encontrar amor en su mundo.

 


 


martes, 11 de mayo de 2021

Logos

Pasó logos por la tierra.

Un gran soplo ciego y malicioso lo hizo pedazos.

Desperté, moví la pluma, encontré sus trazas.


lunes, 10 de mayo de 2021

El mito

 La duda tocó la puerta del cascarón.

El mito abrió las alas. Las plumas blanquinegras agitaron las mentes. Los humanos llenaron el aire de preguntas.

-¿Y ahora qué?

El atardecer soltó sus partículas rosadas hacia el flanco y la tierra lanzó sus polvos amarronados hacia el manto

El mito, hecho todo un mito, mientras volaba sobre la tierra, cantaba una nana.

Y la gente por fin se durmió tranquila.


sábado, 8 de mayo de 2021

Cielos

Con cada trozo de farinata masticaba los recuerdos del Mar de Liguria. Los vientos de allá eran diferentes, el agua se acercaba de otro modo, la naturaleza acariciaba los pueblos de otra manera.

Despedazaba mi porción de torta alzando la cabeza para observar el cielo mendocino.

El cielo sí me parecía el mismo. Como el de las ilustraciones que dibujaba mi primo Enzo para el cuento “El pastor que nunca crecía”. Aquel cielo nos acompañaba cuando el barco zarpó de Génova. El mismo cielo se nos presentó junto con la cordillera el día de nuestra llegada.

Con el tiempo me encariñé con mi nueva casa. Sólo mi madre lloraba a veces cuando horneaba la farinata. La de mi abuela sabía tan rica cuando almorzábamos todos juntos, y todos es una palabra demasiado pequeña para con aquellos placenteramente ruidosos amontonamientos de familiares. Después no estaba ni la abuela ni la farinata de la abuela y toda nuestra familia también se encontraba bien lejos. Cuando miraba la foto de mis primos, volvía a murmurar “Ninna Nanna Ninna Oh” y mientras murmuraba, pensaba en Enzo: “¿Dónde estará ahora? ¿Dónde se quedó nuestro pacto de compartir los sueños? ¿Se están cumpliendo los suyos? ¿Algún día le podré hablar de lo que pasó con los míos? ¿Llegaremos a compartir alguno?”

Por las noches, cuando el río veía que me faltaba el mar, caía de la montaña discreto, pero más generoso de lo habitual y me cantaba la misma nana para apaciguarme. Y yo le respondía: “Sigue corriendo hasta el Mar de Liguria y dile a Enzo que un día quiero volver a leerle mientras esté dibujando a la bella Bargaglina”.

 

 


 


viernes, 7 de mayo de 2021

La tarta

 Deliciosa. Deliciosa tarde. La sentí deliciosa. Intensamente deliciosa. Esa tarta, enfrente de mí, esa tarta aquella tarde era la condensación de sensaciones, recuerdos y deseo de capturar todo lo bueno que una tarta podría significar e inyectármelo, para provocar un bienestar desorbitado sin llegar a una sobredosis.

La tarta, con su forma, su olor y con cada uno de sus ingredientes, se metía entre mis lóbulos, avivando las imágenes almacenadas en los abrazos de mis neuronas.

¡No la toquen por un momento más!, rogué sabiendo que, si pido más paciencia a mis invitados, la tarta pronto se convertirá en una desagradablemente visible muestra de poder del calor sobre la nata.

Con desgana, entregué el paradisíaco postre a los asistentes, quedándome con un trozo mayúsculo que me permitió prolongar el estado de euforia hasta la medianoche.

 


jueves, 6 de mayo de 2021

En el andén de la inspiración

Espero en el andén de la inspiración

en dirección a Versos.

Tren Sur.

Las noticias vocingleras abarrotan los vagones.

Les deseo un buen viaje.

Tren Norte.

El silencio se asoma por la ventana.

Subo respirando el espacio.

Las ideas, caderas danzantes, imanes,

seducen de lejos a los polvos de la creación.


lunes, 3 de mayo de 2021

Padre

Te perdiste mis manos frías en tantos eneros,

mis primeros tranvías, trenes y vuelos,

mi voz que nació tímida y aún sigue creciendo

 

Te perdiste mis tacones y mis volteretas,

mis maletas solas y acompañadas,

el mundo a mis pies y mis pies sin tierra firme

 

Te perdiste mis bailes de inocencia y de locura,

mis miradas de asombro y de miedo,

mis lágrimas por los triunfos y derrotas

 

Te perdiste mis abrazos y mis reproches,

mi vista en tantas cubiertas,

mis horas en tantos versos

 

Te perdiste mis intentos,

mis esperas y llegadas,

mis lluvias sin tejado

y el país de mis maravillas

 

Te perdiste mis hombros que pedían tus brazos,

mi pelo que pedía tu mano,

mi boca que pedía tus oídos

mis oídos que pedían tus palabras

 

Te me perdiste y yo gané una fantasía

de lo que no te hubieras perdido


Pequeño guerrero

 

Corría entre los arbustos llevando un arco hecho con sus propias manos. Se paró delante de un árbol enfrentándose en su imaginación a una bestia. Tensó la cuerda y disparó la flecha. La punta se hincó en el pecho del enemigo.

Cuando las primeras estrellas contemplaban el océano, el niño, agotado por el combate, se durmió junto al Drago.

De su corteza fluyó savia roja. Mientras las olas mecían perezosamente las barcas en el puerto, el pequeño guerrero soñaba con miles de soldados de arcilla en una alfombra roja, sobre cuyas cabezas brillaban cinco estrellas.


domingo, 2 de mayo de 2021

Dos hojas

En un barrio cualquiera de una ciudad que pocos conocen, nacieron en un árbol dos pequeñas hojas, cada una en su rama. Circundadas por una intensa fronda, nadie sospecharía que podrían percatarse de su mutua existencia. Y, sin embargo, como pasa con frecuencia, tenía que darse y ya se ocupó de ello una importante parte de su universo.

No les tengo que explicar, supongo, cómo fue posible, porque seguramente ustedes más de una vez vivieron o escucharon hablar de ciertos hechos que ocurrieron a pesar de que la posibilidad de que sucediesen rozaba casi lo improbable.

Pues les digo que se encuentran de nuevo ante uno de estos asombrosos acontecimientos.

Se vieron.

Tal vez para un observador común serían dos simples hojitas. No obstante, estas dos proclamaban una atracción inigualable la una por la otra. Esperaban ansiosamente los días en los que el viento soplaba con vehemencia para poder acercar sus ramas, tocarse por unos instantes y satisfacer su creciente deseo.

Esos encuentros tan encantadores con el tiempo se convirtieron en angustia e insatisfacción.

El mismo viento veía cómo los verdes enamorados perdían su brillo y cómo cada despedida los desalentaba con mayor fuerza.

Pronto el sol dejó de irradiar y la corona del árbol se tornó pelirroja.

El viento volvió a visitar las ramas y con varios soplidos agitó las hojas bruscamente. Los amantes del árbol se dejaron llevar por la ráfaga y cayeron al suelo. Con un soplo más el viento colocó las hojas una al lado de la otra. ¡Por fin se unieron!

¿Y cuánto durará su felicidad?, pensó el viento observando cómo de lejos se acercaban las amenazantes ruedas del contenedor que engullía todo lo que encontraba en las aceras.

Por suerte, existen historias de amor que nos gusta escuchar, ¿verdad?

De la otra punta de la calle venía una joven mujer llevando en la mano un poemario.

Vamos a decir que el viento ha tenido en este relato un protagonismo no menor al de los amantes.

En fin, no paraba de lograr sus objetivos soplando. ¡Cómo no!

Sopló una vez más, en esta ocasión sin siquiera acercarse mínimamente a los que se abrazaban despreocupados al lado del tronco. Sopló hacia el contenedor hambriento cuyo conductor se vio forzado a cambiar de rumbo para no terminar con los ojos llenos de polvo que se levantó en el aire.

La lectora se acercó al árbol de copa rojiza y se agachó para recoger las dos hojas enamoradas. Abrió su libro en el “Otoño”, de Ida Vitale, y colocó cuidadosamente a ambas entre las páginas contiguas.

Me atrevo a pensar que el amor entre estos dos aún durará mucho tiempo.

El libro es de mi profesora de literatura y las hojas, desde hace años, se aman en el eterno otoño literario.

 


sábado, 1 de mayo de 2021

Desaceleradamente

 

Caminaban sin cesar día y noche, siguiendo el mismo ritmo, trazando el mismo trayecto. Llegó, sin embargo, la hora en que sus pasos enlentecieron e instantes después se quedaron paralizados por primera vez en la vida. ¿Qué nos ha detenido? ¿Deberíamos preocuparnos?

Con atención empezaron a examinar su entorno.

Vieron el color de la esfera, observaron las formas de los numerales, tocaron el cristal. Y después se fijaron detenidamente la una en la otra y cada una en sí misma.

Transcurridos unos minutos las manecillas sintieron que algo las empujaba bruscamente animándolas a retomar su recorrido. En su apariencia se asemejaban a las antiguas agujas, no obstante, algo en ellas cambió para siempre.

El reloj de cuco daba las cinco de la tarde.

Mira de cerca, lo hermoso puede ser pequeño, parecía cantar el cuclillo. 




La casa

Emparchado. Las tejas multicolores, las paredes remendadas, la puerta reparada con tablas de madera originarias de distintas épocas, los mar...