Cada vez que se acercaba al escenario sentía como si
éste pretendiese atacarle. Tenía una angustiosa sensación de que quería devorar
su dignidad, su sudor, su valentía, su memoria, su talento y su sueño de ser
artista. Bastaba con pensar en poner las puntillas sobre las tablas para que
sintiera un vértigo incontrolable y tuviera una sensación que concentraba en sí
la impotencia, la rabia, un intenso e inexplicable temor y ganas de luchar
contra él. Mientras tanto, el escenario parecía estar soltando oleadas de
obstáculos hacia el aprendiz.
¿Cómo es que me despierto pensando en ser artista
cuando serlo me produce dolor?, pensaba.
Para los que no saben, les cuento que los teatros no
son lugares cualesquiera y si uno necesita conectar con ellos, suelen
transmitir mensajes a través de los espíritus de los artistas. Y como parece
que el protagonista de este relato tenía un corazón sincero, sus preguntas no
quedaron sin respuesta.
-Entiende -le habló el escenario-: tu voz tiene que
ser lo suficientemente fuerte como para poder penetrar en los rincones dormidos
de la gente. Tu mensaje tiene que ser capaz de provocar tormentas en la mente y
en el corazón de tu público. Tu presencia ha de ser persistente para poder
acompañar a tus espectadores mucho después de que abandonen las butacas. Para
eso te estás curtiendo y por eso estás entrenando. Ser artista es, entre otras
cosas, luchar a través de tu obra con los monstruos, los tuyos y los de los
demás. Si tú te rindes, debilitas a todos a los que posiblemente puedas fortalecer.
Un artista débil nunca podrá conectar con el espíritu de los espectadores. No
permitas que eso ocurra. Todos los humanos tienen alguna misión. No
desaproveches la tuya. No es un privilegio, es una responsabilidad muy grande.
No lo olvides. Levántate y haz que los que te miren aprendan contigo cómo
levantarse. No es cuestión de ser un luchador que siempre vence a sus enemigos,
pero sí ser un guerrero que no se deja vencer fácilmente y que después de una
derrota, se atreve a seguir batallando. Acércate a mí, pon los pies en mi
superficie, eleva tu cabeza y despierta a la audiencia -terminó el tablado.
El artista subió al escenario, notó cálidas luces en
su rostro, respiró profundamente, miró hacia adelante y sonrió hacia la platea.
Precioso escrito y buen consejo,!
ResponderEliminarSi te gusta ser artista eso es lo que deberías hacer, justo lo que dice el último párrafo. Lo mismo para cantar que para se actriz o para otras facetas del arte.
Así es, querida Manuela, hay que luchar por las cosas que uno desea hacer en la vida :)
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