Caminaban sin cesar día y noche, siguiendo el mismo ritmo,
trazando el mismo trayecto. Llegó, sin embargo, la hora en que sus pasos
enlentecieron e instantes después se quedaron paralizados por primera vez en la
vida. ¿Qué nos ha detenido? ¿Deberíamos preocuparnos?
Con atención empezaron a examinar su entorno.
Vieron el color de la esfera, observaron las formas de
los numerales, tocaron el cristal. Y después se fijaron detenidamente la una en
la otra y cada una en sí misma.
Transcurridos unos minutos las manecillas sintieron
que algo las empujaba bruscamente animándolas a retomar su recorrido. En su
apariencia se asemejaban a las antiguas agujas, no obstante, algo en ellas
cambió para siempre.
El reloj de cuco daba las cinco de la tarde.
Mira de cerca, lo hermoso puede ser pequeño,
parecía cantar el cuclillo.
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