Una mañana soleada y amigable tuvo lugar el
infortunio. Prueba evidente de que el uso de los móviles puede causar efectos adversos.
Nunca pensé que ella podría llevarme a tal crisis nerviosa.
Todo parecía ir según lo previsto. Una simple llamada
y la vida tenía que seguir su sendero.
Cuando ocurrió, me abandonó, no quiso aparecer. Sudé,
entré en los rincones más desconocidos de mi memoria. No estaba por ningún
lado. La necesitaba. Me hechizó los pensamientos. No había manera de que sin
ella pudiese construir un simple enunciado. Rendida colgué, me paré y tomé un
café. Ese líquido peligrosamente eficiente hizo su parte.
Maldita palabra: salió de su escondite como si nada,
liberando mi agotada mente.
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