miércoles, 30 de junio de 2021

La alfombra

Durante mucho tiempo estaba ahí, tumbada cómodamente en el salón. Cada día era testigo de diversos acontecimientos y guardaba los recuerdos en sus hilos.

El niño se hizo grande.

Una noche decembrina, desvelado por sus preocupaciones, se acostó en la alfombra, intentando conciliar el sueño. Le acercó una oreja y ella empezó a contarle historias. Dormido y sosegado se quedó sobre ella hasta la madrugada.

Al despertarse empezó a escribir todo lo que había escuchado aquella noche.

Así es como surgieron algunos de los relatos que leen los pequeños y los grandes lectores en muchos rincones del mundo sin conocer su verdadero origen.

 


martes, 29 de junio de 2021

La misión de la edad

Pasaban los años y las criaturas humanas no lo notaban. Apenas cuando llegaban al fin de cada una de las vidas se daban cuenta de todo lo que aún quedaba por hacer y se reprochaban lo poco que habían realizado.

Cada vez que nacían de nuevo se encontraban con las cosas pendientes que seguían amontonándose.

El universo se percató de aquella muy desordenada manera de vivir, por lo que decidió ayudarle al hombre y mandó a la tierra los espíritus del tiempo.

Desde entonces, los humanos, a través de los cambios que vienen con la edad, pueden percibir que van quedando menos amaneceres para poder llegar a las metas de cada una de sus existencias.


lunes, 28 de junio de 2021

Las historias entre los estantes

Aquella biblioteca que siempre olía a té de rosas y donde la abuela encontraba recuerdos de sus pasiones y saciaba los deseos incumplidos, olía ahora a mercancía de alto estándar que satisfacía los gustos rebuscados. Los estantes, que aguantaban valientemente el peso de todas esas ideas impresas durante mi etapa de frívola ensoñación sin censura, desaparecieron y con ellos desaparecieron las respuestas, se fueron las preguntas sin estar hechas, se disiparon las palabras que me agitaban y me maravillaban.

En otra calle, donde los ostentosos escaparates no rivalizaban con los lugares en los que los grandes y los pequeños podían jugar con la imaginación, la biblioteca olía a malvavisco y seguía con sus estantes llenos de historias.

La observaba. Cada día paseaba un rato entre los pasillos, con una mano ligeramente estirada toqueteando los lomos de los libros colocados en las estanterías. Escogía algunos ejemplares, los ponía en el suelo y se sentaba al lado. Solía permanecer quieta, moviendo los ojos al son del despliegue de los sucesos literarios. Era una imagen atrayente. Me entrometía con discreción, pero sin permiso, en esos momentos que creaba para sí misma. Su presencia me intrigaba. Deseaba que compartiera sus palabras y las de sus libros conmigo.

Le observaba.

Venía cada día casi a la misma hora. Con un rostro que traducía al intuitivo lenguaje humano los mensajes de un alma que anhela desprenderse de la aparente evidencia. Se sentaba en el sillón y con una mano hojeaba los libros mientras garabateaba con la otra, quizá simplemente para mantenerlas ambas ocupadas, quizá porque la lectura no le parecía lo suficientemente seductora como para dedicarle toda su atención. Y de tanto en tanto me miraba con los ojos que delataban su creciente curiosidad.

Se observaban regalándose instantes al azar. El silencio acompañaba a ambos complacidamente, pero en su alma nacía el deseo de ser arropado por alguna palabra, pues ni siquiera a él le gusta estar siempre solo. Los libros, amigos del silencio y de las palabras, sacudieron sus hojas y lanzaron sus marcapáginas hacia los espectadores.

‒Perdone, me parece que éste es suyo-dijo el hombre entregando un señalador a su dueña.

‒Y éste le pertenece a usted, creería -contestó la mujer devolviendo otro marcapáginas al recién conocido.

El reloj decidió soltar los segundos con más lentitud y las memorias de los nuevos conocidos empezaron a liberar relatos leídos en el pasado. En las estanterías, en el suelo, en las lámparas y en los sillones, comenzaron a aparecer incontables lugares, hechos y personajes.

‒Ya es hora de que todos nos movamos de aquí ‒pensaron ambos simultáneamente después de haber permanecido un buen rato en esta peculiar reunión.

‒Debo confesarle que tengo esa particularidad de caminar hasta el mediodía a cuatro kilómetros por hora y hasta la medianoche a siete ‒susurró él.

-Fíjese, qué casualidad, creía que era la única que solía caminar a dos velocidades en el día ‒ respondió ella.

Salieron, juntos, a cuatro por hora y al llegar al edificio de la antigua biblioteca de la abuela aceleraron a siete. Eran las doce.

Curiosa y atraída por los insólitos eventos de aquella mañana, seguí sus pasos sintiendo cómo las ilusiones intentaban penetrar en todos los rincones del barrio.

 


 

sábado, 19 de junio de 2021

El flautista

Vino al mundo con una flauta en el pecho.

Se despertaba con una melodía dulce, aunque algo desordenada, que le acompañaba hasta la noche. Nadie aparte de él podía oír los sonidos que tremolaban en sus adentros. Su infantil cuerpo crecía al igual que el instrumento que guardaba en su interior y el sonido que producía empezó a introducirse en todos los rincones posibles: en sus venas, sus músculos y sus huesos. Sentía como le resonaba todo el organismo.

Una tarde veraniega, caminando por los bosques lugareños, tropezó con una clave de sol y cayó al suelo.

Al caer, su cuerpo sonó con una gran fuerza y el sonido que produjo hizo vibrar las viviendas de su aldea.

El flautista se incorporó, se puso de rodillas y miró la clave. Ésta palpó las pequeñas manos del muchacho, después se acercó a sus ojos, los rozó con delicadeza y descendió hasta el corazón. Su pecho resplandeció y sus dedos, acercándose a su torso, empezaron a moverse con armonía.

Desde aquel suceso, ahí donde aparecía el músico, cadenciosas melodías afloraban y llenaban el espacio y los oídos de los que se encontraban a su alcance.

Dicen sus descendientes que el flautista sigue caminando por las callejuelas de su pueblo y que cada cierto tiempo, cuando se encuentra de nuevo con la clave de sol, las casas tiemblan revoltosamente. Cuentan también que es entonces cuando los niños, que tienen la capacidad de percibir lo extraordinario, escuchan nuevas composiciones del espíritu del músico, comienzan a silbar y a tararear canciones desconocidas.


Palabra

Que la palabra dé su palabra.

Que se pronuncie decidida a portar voluntad sincera.

Que desgarre, que espute, que lagrimee, que unja los oídos con paz.

Que se quede sólo un segundo o unos cuantos más tal vez.

Que aparezca como los invitados esperados con ardiente impaciencia

y se escape como un perro anhelando el callejeo

o que permanezca guardiana de los labios hasta que se vuelvan tiesos.

Que revuelva las entrañas pisando las rutinas con sus pies hilados con desconcierto intencionado.

Que impela gritos de honestos deseos.

Que nos refugie en sus brazos calurosos cuando los sucesos hibernen la esperanza.

Que selle las bocas con silencio, mientras se busque caminando por los tiempos, neuronas y travesías.

Que sea consoladora, seductora, maestra e insolente, pero que sea sincera.


Drama ocular

No salía de ahí. Tremendo. Ya todo parecía diferente. Mirar cualquier cosa producía dolor. Me detuve, convertí mis párpados en guerreros circunstanciales y ordené que maniobrasen agitadamente. Aun así, me sentía paralizada por ese incordio de intrusa. Al cabo de una exasperante lucha contra la molestia, vencí. Se tuvo que morir la mosca que había entrado en mi ojo para que yo pudiera volver a la normalidad.


jueves, 17 de junio de 2021

Botón

En los días tristes surgen también momentos cotidianos que nos distraen, nos consuelan, nos acarician, nos reconfortan por unos instantes.

Después de salir del cementerio encontré en la acera un botón cuadrado de color celeste con dos agujeros en el medio.

No pisado, no quebrado, en buen estado, en fin. ¿No quería Laurita sacar el vestido verdoso del armario de su bisabuela? Pero el botón para el cuello, claro, con el entierro, ¿quién pensaría en el botón? Laurita no paraba de repetir que el vestido era de la abuela cuando era nena, como ella lo es ahora. Y que las nenas crecen, se hacen grandes y después nos esperan en el cielo, lugar que según la imaginación de Laurita y deduciendo de su calmada y sonriente carita, debe ser maravilloso.

En la casa se puso la ropa de la bisabuela con el botón recién cosido, empezó a bailar inocentemente enfrente del espejo y yo me imaginé a aquella nena de los años ´40, que bailaba feliz cuando terminó la guerra.


domingo, 13 de junio de 2021

Socios literarios

 

Hacía tiempo que se quedaba quieto, tendido en los folios que esperaban poder sentir de nuevo su movimiento. La tinta parecía reseca, inútil, usada apenas y sin embargo vieja. Hasta que un día la sangre despertó los versos, sacudió la tinta, irguió el bolígrafo, enderezó al escritor y juntos escribieron:

Hemos vuelto.

Firmado: BiroMe & Bukowski

 


sábado, 12 de junio de 2021

Tendedero

Abrió la ventana y tendió sus memorias y sus pensamientos en las cuerdas para que se aireasen. Necesitaban algo de oxígeno y rayos del sol.

Las cuerdas enganchadas en la pared que daba al patio llegaban hasta el edificio de enfrente.

El edificio vecinal constaba de cuatro plantas. La planta baja aún estaba vacía, esperando a sus nuevos residentes. En el primer piso, la indiferencia paseaba a diario por toda su vivienda llenando las habitaciones de apatía. En la segunda planta, el amor rebosaba las paredes y sus chispas adornaban las escaleras y la vieja fachada. En el último piso, donde también terminaba el recorrido de los asuntos colgados, vivía el odio que buscaba cualquier ocasión para atormentar a sus vecinos y a todos los que encontrase en su camino.

El contenido que ondeaba tras la ventana captó su atención enseguida.

Se lanzó hacia las sogas, tiró de ellas impetuosamente, agarró las memorias y los pensamientos y los aprisionó en sus manos. Con sus palmas heladas los estrujaba y lastimaba. Los arrojaba contra cualquier lugar u objeto que pudiera provocarles dolor. Los injuriaba e intimidaba. Junto con sus cómplices, la ignorancia, la estupidez y la envidia, maltrataron a sus esclavos y cuando éstos llegaron a tener un aspecto lo suficientemente lamentable como para satisfacer sus perversos deseos, los agresores volvieron a colgarlos en la cuerda gozando de sus acciones.

Habiendo recuperado sus pertenencias, la dueña sollozó rogando que alguien le ayudase a curar las heridas. La indiferencia, con su desidiosa actitud, fijó la mirada en un punto impreciso e irrelevante del patio. El amor miró hacia fuera. Alarmado, descendió con paso decidido por los escalones. La celosía de la ventana en la planta baja se entreabrió con un chirrido esperanzador.

Quizás aún no era demasiado tarde.

 


 

martes, 8 de junio de 2021

Cuento para dormir

 

-Mamá, no puedo dormir.

-Hijo, cierra los ojitos, ya verás cómo te duermes enseguida.

-Mamá, me da miedo la muerte.

-¿Por eso no te duermes? ¿Quieres que te cuente un cuento?

-Sí, mami, cuéntame.

-Vamos a ver. ¿Cómo va a empezar nuestra historia?... Imagínate que Muerte es en realidad un lugar donde están todas las personas y todos los animalitos que ya no están con nosotros. Es un lugar donde las casas son nubes coloridas que vuelan continuamente. El mundo Muerte se ilumina con unas luces que se cargan con los momentos malos que alguna vez han vivido sus actuales habitantes. Todos estos malos momentos son absorbidos por las farolas y alumbran aquellas tierras. Algunas veces los habitantes del mundo Muerte visitan la Tierra para ver cómo están sus seres queridos. Aparecen en forma de saltamontes arcoíris. Si algún día, ves uno así, salúdalo, seguro viene a ver cómo estás tú, nuestra familia o algún amiguito tuyo y con estos colores que tiene quiere regalarte una alegría.

Su hijo se durmió.

Solo ella se quedó desvelada. No había nadie quien pudiera calmar sus miedos con un cuento.


domingo, 6 de junio de 2021

Lluvia

Tal vez estén acostumbrados a escuchar que cuando llueve es porque el cielo llora. Y puede que algunas veces sea cierto. Es cierto también que en ocasiones la culpable es la risa. ¡Extraño!, dirán. Pero les aseguro que es verdad. El viento es muy juguetón, se mete entre las nubes y les hace cosquillas. Las nubes intentan huir y se mueven enérgicamente por el cielo, pero el viento sigue con sus travesuras. De tanto reírse se les caen las lágrimas y es cuando la lluvia que aparece se siente más suave. ¿Y cómo no percibirlo de esta forma tan agradable, si es el efecto de la diversión en el firmamento?


sábado, 5 de junio de 2021

El origen de las arrugas

Los hijos del tiempo habitan en muchos lugares.

Algunos se establecieron en la epidermis. Son unos seres muy reflexivos e inquietos. Cada vez que sus padres, la hora y el minuto, se acercan al humano con alguna experiencia, los pequeños la atrapan, atraviesan el cuerpo y corren hacia el raciocinio para hacerle hablar a la recién llegada. Algunas vivencias se sinceran y explican el motivo de su aparición. Otras permanecen calladas. Culminado el intento, con éxito o fracaso, el retoño del tiempo vuelve a la piel y sigue esperando la venida de nuevas experiencias y así se repite este itinerario durante toda la vida del hombre. Con sus continuos movimientos produce pequeños surcos a los que los humanos llamamos arrugas.


 


miércoles, 2 de junio de 2021

Anhelo vagabundo

Alfombra de colores y versos.

Cojines que canten relatos de antaño.

Manta que se acerque a mis tardes.

Una luz que regale soplidos a las hojas en blanco.

Eco del árbol que sostenga historias encuadernadas.

Tinta que baile con las letras al son de mi mente.

Cristal que atrape almas pasajeras.

Alféizar que convide lloros otoñales.

Pomo caluroso de manos y sentimientos.

Un tejado, uno para un largo rato.

Uno solo me basta, viejito.

Uno que quiera quedarse conmigo.


Cautiva

Encerrada en una cueva oscura intentaba liberarse, empujar el paladar hacia arriba, separar de entre sí los dientes, mover la lengua hacia abajo. Después de una extenuante lucha contra los músculos faciales, las cuerdas vocales y el aire ayudaron a la valiente guerrera y la palabra se hizo escuchar.


martes, 1 de junio de 2021

Su corriente

Se despertó un día con una turquesa ilusión inundando su aún adormilada mente. Notó un intenso ardor en sus aletas. Algo inexplicable le seducía. Sintió cómo su deseo transformaba el agua que le circundaba en una corriente de ondas poderosas. Empezó a moverse con vigor. Nadó y nadó, atraído por una fuerza desconocida, hasta que llegó a una bella cortina de agua cristalina. Emocionado intentó tocarla, pero cada vez que se acercaba, sentía dolor en sus escamas. Aun así, no se daba por vencido. “Mi alma es también de este hermoso lugar, aunque mi cuerpo todavía no se da cuenta”, intuía.

Cada día se aproximaba de nuevo y rozaba las olas de aquel encantador espacio recientemente descubierto. Y siempre que lo hacía, sus aletas sufrían.

A pesar de las molestias seguía desvelándose con la misma imagen turquesa ante sus ojos y con el mismo deseo de encontrarse con ella.

Después de varias semanas un abanico de aletas apareció en sus proximidades, animándole a traspasar la frontera acuática. Con calma, pero con firmeza, fue dejando las aguas dulces atrás y finalmente cruzó al otro lado. Sereno y feliz observaba maravillado todo lo que le rodeaba.

-Hasta pronto, río querido. Volveré a verte -dijo el pez aleteando eufórico en las aguas oceánicas. 


La casa

Emparchado. Las tejas multicolores, las paredes remendadas, la puerta reparada con tablas de madera originarias de distintas épocas, los mar...