No salía de ahí. Tremendo. Ya todo parecía diferente.
Mirar cualquier cosa producía dolor. Me detuve, convertí mis párpados en
guerreros circunstanciales y ordené que maniobrasen agitadamente. Aun así, me
sentía paralizada por ese incordio de intrusa. Al cabo de una exasperante lucha
contra la molestia, vencí. Se tuvo que morir la mosca que había entrado en mi
ojo para que yo pudiera volver a la normalidad.
sábado, 19 de junio de 2021
Drama ocular
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