sábado, 3 de julio de 2021

Crucigrama

Siete de la mañana. Del lunes al viernes tocaba subirse a la misma línea del metro en la estación de siempre. Intentaba ver el lado positivo de mis rutinarios madrugones: a las siete aún conseguía sentarme y no me veía obligado a ser parte de un roce social exagerado viajando de pie entre las multitudes.

Así que me senté y empecé a evaluar las opciones existentes de entretenimiento para la siguiente hora y pico de viaje.

El libro lo dejé para después del trabajo. Me veía incapaz de mantener los ojos abiertos durante algo más de tres frases.

Las noticias transmitidas por ese aparentemente imprescindible dispositivo llamado móvil me resultaban ser un pasatiempo eficiente por unos minutos. Pero hastiado por lo reiterativos que eran los titulares, opté por desprender la vista de la pantalla y echarles un vistazo a los escasos movimientos en el vagón.

Fijé la vista en la pareja sentada enfrente. Unos joviales setentañeros cautivaron mi atención. Ella sujetaba en las manos un crucigrama y un lápiz. Él, con su rodilla derecha, rozaba sutilmente la rodilla izquierda de su compañera. Aprovechaba cada posibilidad de sugestión de un vocablo para tocar con sus dedos la mano con la que ella rellenaba los espacios vacíos en las palabras entrecruzadas. Algo tan bendito emanaba de ellos, y tan verdadero. Con la forma en la que se hablaban el uno al otro serían capaces de serenar una buena cantidad de pensamientos desalentados de los otros pasajeros.

-¿Sinónimo de dicha? -se dirigió ella a su compañero.

“Las palabras que están buscando su sitio entre las casillas y estas dos rodillas que se acarician mutuamente” -respondí en mis pensamientos.

 


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