domingo, 18 de abril de 2021

Basura

Cuando se encontraron, su pelo estaba por rozar el suelo. Caminaba agachado, la pesadez de su cabeza no le permitía estar en una postura algo más clásica. Se habituó, por lo tanto, a fijarse en los zapatos de los peatones, a reconocer las calles por los daños en la acera y a observar las sombras de los árboles. Hacía mucho que no miraba las caras de la gente.

Un día primaveral aparecieron delante de él unas zapatillas blancas de cordones azules. Se detuvieron vis-à-vis.

-Disculpa, no pretendo ser impertinente, pero ¿me permitirías sacarte lo que te sobresale de la oreja?

-¿De la oreja dices? No sé a qué te refieres, pero adelante -respondió indiferente.

La caminante de cordones azules tiró de lo sobresaliente y sacó un reproche.

-Vaya, parece que, al tirar de ésta, se ha asomado otra. ¿Podría arrancarla también?

-Y bueno, ya que te has puesto. No me ha resultado desagradable. Diría que, todo lo contrario.

-Bien, ahí voy -dijo la desconocida y tiró de nuevo de lo que sobresalía. Esta vez sacó una crítica injusta.

-¡Ahí va, no me vas a creer! De veras, no pretendo molestar, pero de nuevo se asomó otra. ¿Me permitirías…?

El hombre, sorprendido de poder ver los tobillos de la transeúnte, interrumpió animado.

-Chica, saca cuanto quieras.

Así que la mujer sacó unos cuantos regaños exagerados, varios insultos, unas decenas de humillaciones, unos cuantos malos recuerdos y un puñado de risas malvadas.

El hombre vio dos delgaditas tibias, las rodillas, dos bonitas caderas, un vientre algo redondo, dos bellos pechos, cuello blanco, barbilla, labios, nariz, los ojos verdes de su acompañante y finalmente miró su rostro pecoso y risueño.

-¿Quieres que te ayude a deshacerte de esta basura? –preguntó la de las pecas.

-Te estaría agradecido -contestó el erguido.

Su fragmento del mundo sonrió.


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