Los leones de Cibeles permanecen inmóviles, de
espaldas el uno al otro. Posan majestuosos, aunque impotentes, mirando miles de
rostros ajenos sin poder ver el de su amante. Dicen que, si dos transeúntes se
obsequian con un gesto bondadoso, los hechizados enamorados pueden por un
instante mirarse a los ojos.
Caminando por el Paseo del Prado te abroché el abrigo.
Se te había atascado la cremallera y afuera el frío calaba los huesos. Sacaste
una piruleta del bolsillo.
-Tengo dos. ¿Quiere usted una? –preguntaste.
Miré de reojo a Atalanta y tuve la sensación de que
nos sonreía.
Qué bonito...
ResponderEliminar¡Muchas gracias!🤗
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