Arremangó la camisa nerviosamente. Por los pasillos se
percibían los susurros de los demás. Quedaba media hora.
-Es altamente importante, no se nos puede ir de las
manos.
El ruido de los metales, impecables, colocados en fila
y listos para usar, se mezclaba con el eco de las nerviosas voces humanas.
Abrió el grifo. El vapor pasaba entre los dedos antes
de que las manos se sumergieran en el agua caliente. Sonó el cristal. Llenaron
los recipientes con el líquido.
- ¡Corre!
Deprisa dirigió sus pasos hacia la sala principal, con
un decidido empujón abrió la puerta, puso la bandeja en la mesa. Suspiró.
Nueve de la mañana.
-¿El café solo o con leche, señores directores? Ahí
tienen las cucharillas, sacarina, azúcar blanco, moreno, stevia, xylitol y
agave.
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