viernes, 17 de septiembre de 2021

La carretera

Es difícil entender cuál es el motivo por el que en algunas circunstancias actuamos de manera tan reiterativa. Pareciera necesario mostrar al mundo, una y otra vez y a toda costa, que al hombre le cuesta aprender ciertas cosas.

La cuestión es que su madre la estaba esperando con la cena. No es cualquier cosa, porque el hecho de que te esperen con la cena en un barrio como aquél es un detalle que uno no debería menospreciar.

Pues sí, iban a poder cenar. Es más, iban a cenar todos juntos porque por fin su padre volvía a casa por unos días.

Es lo que hay: el padre cada noche en casa y los platos hambrientos por la cartera vacía o la cena en familia completa algunas veces al mes. Es lo que hay, al final lo aceptas, te acostumbras, lo haces por inercia o te encolerizas, pero la barriga te hace optar por el plato lleno y el hogar medio vacío la gran parte del tiempo. Lo bueno es que cuando están juntos, la tele puesta a todo volumen, las risas de los críos y las charlas de sus padres convierten el jaleo en una plácida amalgama que les hace dormir en paz.

Hay una carretera pegada a su casa. Una de éstas donde sobre todo en invierno, los peatones injurian a entes inidentificables por racionar tan mezquinamente los puentes seguros que unan los barrios ubicados a las dos orillas de la calzada bidireccional.

El padre y la cena esperan, el universo podría mostrarse indulgente ante tal urgencia. Pero la oscuridad y los conductores apresurados no llegan a pactar esta noche un desenlace grato para la corredora. Los carriles son anchos, la velocidad de los automóviles salvaje y los pasos de la transeúnte mal medidos. El chillido de un freno deficiente hace temblar al cucharón en las manos de la madre. Esta vez no van a cenar todos juntos. Sólo queda rezar a que la silla que hoy queda vacía no se convierta en un objeto de un espantoso y permanente recuerdo de un ser querido ausente.

Me pregunto cuántos de los que se dedican a hacer eslalons entre los motores no volverán a casa para la cena y cuándo se estrecharán ambas orillas de este río de vehículos con anhelados viaductos para animar a los deportistas extremos a abandonar esta peligrosa disciplina.


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