Es difícil entender cuál es el motivo por el que en algunas
circunstancias actuamos de manera tan reiterativa. Pareciera necesario mostrar
al mundo, una y otra vez y a toda costa, que al hombre le cuesta aprender
ciertas cosas.
La cuestión es que su madre la estaba esperando con la cena. No es
cualquier cosa, porque el hecho de que te esperen con la cena en un barrio como
aquél es un detalle que uno no debería menospreciar.
Pues sí, iban a poder cenar. Es más, iban a cenar todos juntos
porque por fin su padre volvía a casa por unos días.
Es lo que hay: el padre cada noche en casa y los platos
hambrientos por la cartera vacía o la cena en familia completa algunas veces al
mes. Es lo que hay, al final lo aceptas, te acostumbras, lo haces por inercia o
te encolerizas, pero la barriga te hace optar por el plato lleno y el hogar
medio vacío la gran parte del tiempo. Lo bueno es que cuando están juntos, la
tele puesta a todo volumen, las risas de los críos y las charlas de sus padres
convierten el jaleo en una plácida amalgama que les hace dormir en paz.
Hay una carretera pegada a su casa. Una de éstas donde sobre todo
en invierno, los peatones injurian a entes inidentificables por racionar tan
mezquinamente los puentes seguros que unan los barrios ubicados a las dos
orillas de la calzada bidireccional.
El padre y la cena esperan, el universo podría mostrarse
indulgente ante tal urgencia. Pero la oscuridad y los conductores apresurados
no llegan a pactar esta noche un desenlace grato para la corredora. Los
carriles son anchos, la velocidad de los automóviles salvaje y los pasos de la
transeúnte mal medidos. El chillido de un freno deficiente hace temblar al
cucharón en las manos de la madre. Esta vez no van a cenar todos juntos. Sólo
queda rezar a que la silla que hoy queda vacía no se convierta en un objeto de
un espantoso y permanente recuerdo de un ser querido ausente.
Me pregunto cuántos de los que se dedican a hacer eslalons entre
los motores no volverán a casa para la cena y cuándo se estrecharán ambas
orillas de este río de vehículos con anhelados viaductos para animar a los
deportistas extremos a abandonar esta peligrosa disciplina.
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