Empujada por la glándula sale del conducto.
Se agarra a la pestaña, intenta no soltar su punta.
Se desprende rendida, corre por la mejilla.
Se ahonda en el hoyuelo y alcanza el mentón.
Cae pesadamente al pecho desnudo y convulso.
Escuchando el bemol del corazón se funde con la piel.
Llegó,
cerré los ojos,
inventé una sonrisa de emergencia.
¿Se habrán fijado sus córneas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario