lunes, 30 de agosto de 2021

Memorias de una aflicción

Empujada por la glándula sale del conducto.

Se agarra a la pestaña, intenta no soltar su punta.

Se desprende rendida, corre por la mejilla.

Se ahonda en el hoyuelo y alcanza el mentón.

Cae pesadamente al pecho desnudo y convulso.

Escuchando el bemol del corazón se funde con la piel.

 

Llegó,

cerré los ojos,

inventé una sonrisa de emergencia.

¿Se habrán fijado sus córneas?


Con las palabras hacia el infinito

El silencio esporádicamente interrumpido con cautela y un singular olor, llenaban el espacio.

Ventana.

Afuera, unas traviesas zapatillas colgando de los cables eléctricos se movían junto con las hojas de los abedules.

En la repisa, un par de zapatillas de satén lucía rozando a "Walden". Quietas desde hacía unos años conservaban huellas de antaño, cuando al son del adagio de Albinoni rivalizaban con las coreografías de las ramas de la tilia plantada en el jardín de su casa paterna. Siempre le acompañaban, parecían ser parte de ella.

-Pónmelas y lee, por favor -dijo la abuela señalando el estante.

Le puse las zapatillas.

Me quité las botas y me senté en posición de loto.

Abrí el libro y ella cerró los ojos.

Los ruiseñores se pusieron a hacer sus nidos en las paredes blancas. Los mirlos cantaron con los relatos de Thoreau. Los abetos entregaron los piñones a la tierra y las zapatillas de punta sintieron la ternura del prado. Mientras los riachuelos forestales corrían con fuerza por nuestras imaginaciones, los arroyos que corrían por sus venas desaceleraban con sorprendente dulzura y obediencia. El viento sopló invitando a un nuevo viaje. Su aliento voló hacia las mariposas.

Los tacones y la bata blanca saludaban a los presentes en el pasillo. Acaricié la tibia mejilla de mi abuela.

-Hasta siempre, bailarina.

-Buenos días, doctora. Ya no está mi nana -suspiré.

La médica apretó delicadamente mi mano, cuyo temblor delataba la añoranza que empezaba a nacer en mí.

 

 


 


miércoles, 18 de agosto de 2021

Reanudar el vuelo

 -Te libero -oí- Vuela.-

- ¿Cómo? Perdí mis plumas con las ráfagas de mi interior.-

-Recógelas con tus palabras.-

Busqué en mi mente: una palabra, una pluma.

Comencé a desligar las garras de mi astro.

Sosiego con interrogante

 

Todo el verde parecía apaciguado

El sol irradiaba calma

El río sabía susurrar tranquilidad

Y los pájaros cantaban paz a mil voces

Mientras tanto por descuido pisabas un escarabajo

La araña encarcelaba una mosca

La mariposa perdía vida después de tres días

Y un polluelo caía del nido

Te tumbaste en la hierba

Te acercaste a los dolores mundanos

y pensaste:

-¿Cómo es que te siento serena, abrazada por todos tus desastres, tierra?


Insomnio


La nave de Nix se paró violentamente.

Se sentó en la proa de sus viajes nocturnos.

Palpó las velas que tumbadas cada noche

le acompañan al mundo onírico.

Estremecida, sintió un diminuto soplo amenazador.

Desapareció el viento para llevarla al mañana.

Paralizada, sin poder retornar al sueño,

se asoma buscando tierra firme del futuro.

martes, 10 de agosto de 2021

Picaporte apenado

 -Venga, papá, suelta el picaporte, que me duele verte así.

-Y a mí, hijo, y a mí me duele que me veas así. Me duele tener que ver hoy a la abuela. Este lugar era de estos dos. ¡Cómo lo disfrutaban, si tú supieras! Cuando yo era un crío me encantaba verlos trabajar. Qué fácil me fue seguir sus pasos, tuve suerte en eso. Uno a veces no sabe lo que quiere. Yo quería trabajar donde ellos. Me contaban que cuando lo compraron era un barucho. Pero el abuelo decía que eso iba a ser una segunda casa para todo el vecindario. ¡Y tanto que lo era! ¿Qué le digo a don Pedro ahora? Si desde que se murió su mujer no faltó ni un día. Cada mañana desayunaba aquí. Siempre se sentaba a la mesa pegada a la puerta y a la ventana. De este modo, decía él, podía mirar a los de fuera, a los que entraban y a los que ya estaban dentro. Gajes de oficio, supongo yo, toda su vida trabajó de portero. ¿Y Jorgito? Para el abuelo siempre seguía siendo Jorgito, por muy grande que fuera. ¿Recuerdas cómo terminó trabajando con los abuelos? Lo pillaron vaciando las azucareras que estaban en las mesas. Llevaba una bolsa llena cuando lo detuvo el abuelo y le preguntó qué hacía. Jorgito bajó la vista y disculpándose dijo que era para el cumpleaños de su hermana que hacía mucho tiempo que no comía nada dulce. Tu abuelo lo llevó a la cocina, le envolvió un par de magdalenas en papel aluminio y le dijo que éstas eran de regalo, pero si quería ganarse algo de dinero para poder comprar más cosas para la pequeña, lo esperaba al día siguiente con unos recados. Y ahí lo tienes hasta el día de hoy. Ahora ni falta hace traerla pastelería de fuera porque la hace él mismo. Eso y mucho más, qué te voy a contar que no sepas, prepara unos platos como nadie. Esta cocina era su paraíso. ¿Y Luisa? Se va a quedar sin su café al lado de la tragaperras. La pobre mujer se contentaba con eso. Porque ya me dirás tú, ¿le tienen que tocar a uno solo tantas desgracias? Viuda, el padre con Parkinson, el hijo en silla de ruedas. Esta mujer no para, vive por ellos. Media hora bajaba cada día para tomarse su merienda y ganar un día o perder otro unos duros en la máquina. No era relevante, con tal de distraerse un poco y cambiar de panorama le era suficiente. Cuando vuelvan a aparecer por aquí los obreros del barrio van a tener que buscarse otro lugar para almorzar. Lo mismo los chicos del cole que venían a por los chicles de bola de la máquina y algunos por los churros y bollos gratuitos que quedaban del día anterior. Digo yo que todos estos volverán a cruzarse por estas calles. Pero a nosotros nos toca irnos. No hay cómo aguantar más. Cuando tu tío Carlos me empieza a hablar de números y hacer alarde de todos los conceptos de economía que él maneja, yo le digo que vaya a contárselo a los del bar y a la abuela. Él se ríe con sarcasmo y yo con la mano hago una seña de resignación. Ni Carlos me va a entender ni yo a él tampoco...

-Anda, suéltalo ya. Habla mañana con Pepe. A ver si hay alguna solución. Hasta mañana, no le digas nada a la abuela.


 


La casa

Emparchado. Las tejas multicolores, las paredes remendadas, la puerta reparada con tablas de madera originarias de distintas épocas, los mar...