16
de abril de 1912
¿Por cuántos lugares habré volado ya?, se preguntaba
Harriet Quimby.
Volé por las páginas de San Francisco Chronicle y por
los planos en blanco y negro de Griffith, recordaba observando con admiración
su aeronave.
Y esta vez el viento, rozando el océano agitado aún
por el choque, asistía a mi siguiente vuelo. Lo he visto todo tan grande y tan
pequeño al mismo tiempo. Hoy, mirar las aguas oceánicas me contentaba y
entristecía, más oscuras e intranquilas, parecían reflejar el tormento ajeno.
Tenía la sensación de que mis lágrimas de felicidad podrían alcanzar las
lágrimas del naufragio, suspiró conmovida.
Ellos nunca más pisarán la orilla y yo, sin embargo,
he llegado a salvo a las playas francesas. He cruzado el Canal. Os lo cuento
bajito, el Atlántico me ha pedido silencio, confesó reflexiva.
7
de diciembre de 1997
¿Lo han escuchado? Me ha parecido oírla:
Bleriot, no me vas a detener. Seguiré volando en
Valhalla dando vueltas con las notas de Rachmaninov.
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