miércoles, 21 de julio de 2021

Vuelo

16 de abril de 1912

¿Por cuántos lugares habré volado ya?, se preguntaba Harriet Quimby.

Volé por las páginas de San Francisco Chronicle y por los planos en blanco y negro de Griffith, recordaba observando con admiración su aeronave.

Y esta vez el viento, rozando el océano agitado aún por el choque, asistía a mi siguiente vuelo. Lo he visto todo tan grande y tan pequeño al mismo tiempo. Hoy, mirar las aguas oceánicas me contentaba y entristecía, más oscuras e intranquilas, parecían reflejar el tormento ajeno. Tenía la sensación de que mis lágrimas de felicidad podrían alcanzar las lágrimas del naufragio, suspiró conmovida.

Ellos nunca más pisarán la orilla y yo, sin embargo, he llegado a salvo a las playas francesas. He cruzado el Canal. Os lo cuento bajito, el Atlántico me ha pedido silencio, confesó reflexiva.

 

7 de diciembre de 1997

¿Lo han escuchado? Me ha parecido oírla:

Bleriot, no me vas a detener. Seguiré volando en Valhalla dando vueltas con las notas de Rachmaninov.

 

 

 


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