La primera palabra alcanzó su oído. Penetró el cráneo
y entró en el cerebro. Se hizo aliada de las neuronas. El mensaje malvado
alcanzó todos los rincones y sembró veneno en todos los órganos. El cuerpo se
desmayó.
Una nueva palabra pasó por sus oídos. Llegó a los
lóbulos, combatió el veneno.
La víctima despertó.
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