A veces terminas una tarde luminosa con las palabras hechas una bofetada.
Por ahí te da por insultar a todos
los santos, vivos y muertos.
Tal vez en vez de soltar una cálida
frase sueltas un eructo.
Por alguna razón el día no da para ser más que un animal.
Pero
lo más probable es que, incluso sin
querer, tarde o temprano agarres algún sentimiento en vuelo,
lo humano vuelva del paro,
digas «qué cretina manera de desparramar el barro por las intenciones ajenas»
Y
volverás a pensar en un lenguaje más
genuino
a despertarte con una margarita en
el pecho
a abrir la boca para liberar soles
y hasta el siguiente ataque de tus
básicos instintos
los átomos parecerán tenerlo todo
en su sitio.
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