En la esquina me dieron ánimos varias veces.
Se merecen que los llame familia.
Los del segundo conocen toda mi vida.
Familia tiene que ser desde luego.
El que pasa por la parada de enfrente recuerda mi nombre, y el de mi hermano y el de mi perra también. Incluso se acuerda de nuestros esguinces, fiebres, pellas y despidos.
¿Cómo no sería familia?
Ojeo las fotos. Por aquí yo, y por ahí y en el otro montón también, por supuesto.
Si no es familia, ¿qué será?
Me siento en las escaleras de mis
días, con mi DNI, mi árbol genealógico borrándose de mi memoria, algunas
salvadas cartas escritas a mano, impresos del empadronamiento y me miro adentro
y me miro...
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