Que la palabra dé su palabra.
Que se pronuncie decidida a portar voluntad sincera.
Que desgarre, que espute, que lagrimee, que unja los oídos con paz.
Que se quede sólo un segundo o unos cuantos más tal vez.
Que aparezca como los invitados esperados con ardiente impaciencia
y se escape como un perro anhelando el callejeo
o que permanezca guardiana de los labios hasta que se vuelvan tiesos.
Que revuelva las entrañas pisando las rutinas con sus pies hilados con
desconcierto intencionado.
Que impela gritos de honestos deseos.
Que nos refugie en sus brazos calurosos cuando los sucesos hibernen la
esperanza.
Que selle las bocas con silencio, mientras se busque caminando por los
tiempos, neuronas y travesías.
Que sea consoladora, seductora, maestra e insolente, pero que sea sincera.
Precioso! Bendita sinceridad! Un abrazo
ResponderEliminarBendita sea!Gracias querida Manuela!
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