Cinco pétalos del Mar Pacífico. En cada uno de ellos brillaba con
fuerza un faro esperando poder trasladarse a su destino.
Después de varios días el primero emprendió su viaje
hacia la boca. La piel empezó a percibir el tacto. El segundo se posó sobre la
lengua donde enseguida afloraron las papilas gustativas. El tercero se colocó
en su nuevo espacio esbozando la nariz. El cuarto se situó provisoriamente
entre los arcos branquiales y apenas lo hizo, se escucharon los sonidos. El
último fue a los globos oculares y los párpados se abrieron.
A partir de entonces y a lo largo de toda la vida cada
uno con su propia luz guía al hombre. Y si alguno no logra llegar al lugar
predestinado, delega sus facultades a los otros faros para que ayuden a los
seres humanos a experimentar el mundo que les rodea.
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