No los regañes severo.
Aún no entienden de largos monólogos solitarios.
Déjales que crezcan,
mis primeros hijos.
No los desanimes apresurado.
Permíteles que gateen inocentes.
Ya se erguirán con sus versos adultos,
mis poemas primerizos.
Emparchado. Las tejas multicolores, las paredes remendadas, la puerta reparada con tablas de madera originarias de distintas épocas, los mar...
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