Aquel día la fuerte lluvia y tus lágrimas casi
despertaron del sueño hibernal a las fuentes en la ciudad. Se sentó a tu lado y
sacó un ovillo.
Qué tontería tejer afuera en un día tan feo, pensaste.
Hizo una bufanda de color oliva.
Cuando pasen las tormentas, hará un bonito juego con
tus ojos verdes, dijo colocando la lana en tus rodillas.
Tocó tu mejilla y se fue, dejando tras de sí un aroma
a aceitunas y la calma, que envolvió las calles cercanas y tus pensamientos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario