sábado, 17 de abril de 2021

Ella

Soñó que hablaba más de ochocientas lenguas. Intentaba avanzar en el camino de tanto en tanto, acompañada por algún compañero de ruta, pero con sus vocablos, a menudo inesperados e inentendibles, terminaba malográndolo. Vagaba por tierras desconocidas arrastrando en sus tobillos almejas de borde dorado. En ambos hombros llevaba seis ifritas reticentes a las caricias. Llegó a las aguas de un mar en aquel momento muy apaciguado. En las olas la estaba esperando Salomón. Entró en el agua, se acercó al rey y lo miró con los ojos suplicantes y exhaustos.

-Relaja los puños y muéstrame tus manos -dijo él.

La mujer abrió lentamente los puños, levantó las manos a la altura de su vientre y sus palmas por primera vez desde hacía mucho tiempo se encontraron con la luz del día. Con la yema del dedo Salomón marcó unas letras en cada una de las palmas de ella. Mientras movía la yema para trazar los grafemas pronunciaba despacio: “Los pilares del amor”.

Se despertó.

Abrió los ojos y miró su casa, fría y vacía desde que junto con su ex marido la despojaron de todo lo que una casa necesitaría para seguir siendo un hogar acogedor.

Volvió a cerrar los ojos y lloró profundamente por unos instantes.

“Los pilares del amor”, recordó.

Aún había tiempo. En él estaba ella. Aún existían nuevas oportunidades.

 


 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

La casa

Emparchado. Las tejas multicolores, las paredes remendadas, la puerta reparada con tablas de madera originarias de distintas épocas, los mar...