viernes, 24 de junio de 2022

De las leyendas humanas

Deseada por unos y temida por otros, después de largos ruegos y persistentes contrariedades, germinó y se gestó en el vientre de la madre tierra. Nació ensangrentada, entre lágrimas bondadosas y reprobatorias miradas. A la pequeña, bella criatura, el Este le regaló la paciencia, el Oeste le llevó el amor, el Norte la obsequió con el discernimiento y el Sur le dio el respeto. El desconocimiento, la ambición y la inconsciencia se arrimaban a su cuna.

Aprendió a gatear arañando su forma. Con sus primeros imprecisos pasos empezó a caminar errando entre los ideales, lacerando su esencia y lastimando la realidad por sus equivocaciones.

Transcurrieron años y acontecimientos. Creció, comenzó a elevarse y a expandirse. Aún inmadura, pero perseverante, emprendió su viaje hacia la paz. Paso a paso, por senderos dificultosos, iba atravesando todos los rincones del mundo.

-Nací para conocerte, para cantarte -repetían los hombres en casi incontables lenguas, saludándola desde las puertas de sus templos.

-Nací para conocerte, para cantarte -respondía ella acariciando sus ojos y sus corazones. Tras cada uno de los encuentros, más plena y más sabia, Libertad seguía avanzando lentamente hacia el destino.

 

 

 

 

La casa

Emparchado. Las tejas multicolores, las paredes remendadas, la puerta reparada con tablas de madera originarias de distintas épocas, los mar...