No tengo recuerdo, al menos consciente, de los
probables múltiples intentos que seguramente al fin me llevaron a conseguir mi
objetivo. Pero en estos días tengo la oportunidad de revivirlo observándote y
de dejar verbalizadas algunas conclusiones que saco al respecto. Podrá ser un
par de cosas obvias, no obstante,
son las que a menudo nos sirven de brújula y sin embargo resultan
fáciles de olvidar. Somos de los que han nacido con todos los sentidos correctamente
desarrollados, algo que para ciertas tareas resulta muy útil. También tenemos ambas
manos que obedecen a lo que le ordena nuestra cabeza. Detalle de agradecer a la
naturaleza. De entrada, nos facilita desenvolvernos en las empresas mundanas.
Cada día repites los mismos movimientos y les dedicas
largos ratos a los ensayos. Lo observas fijamente de todos los lados. Lo
sujetas con una mano, después lo pasas a la otra o agarras vigorosamente con
ambas y procuras acercar tus cargados dedos a la boca. Los movimientos son
todavía algo torpes, imprecisos, pero se van perfeccionando con los días y los
intentos acumulados. Mientras continúas con tu cándida misión, sonríes de vez
en cuando. A tus dos pequeñas manitos las acompañan tus mofletes enrojecidos
por el calor hogareño, tu confiada mirada y la de unos cuantos seres que velan
por tu despreocupada respiración. Pronto uno de tus primeros retos será
cumplido y podrás introducir a la boca este pequeño objeto que aún estará cerca
de ti por algún tiempo.
Tengo la certeza de que tus esfuerzos no serán vanos.
Supongo que no será así siempre. Pero siento la necesidad de decirme a mí
misma, de decirte a ti, pequeño, y de deciros a vosotros, queridos lectores,
que algunos tenemos la suerte de comenzar las andanzas por este mundo con
alguna que otra ventaja. Y si es así, con más razón y sin desanimar a la acción
a los demás, merece la pena intentar las cosas una y otra vez. Porque puede que
nuestra constancia y determinación nos ayuden a llegar a la meta. Y si es
posible, sonriamos con sinceridad, como los niños. A nosotros y a los demás. Ya
que es una de las primeras expresiones de emociones que manifestamos los
humanos, quisiera pensar que es por algún motivo.