Mañana.
¿Qué mañana?
Hay mañanas que jamás vuelven a tomar un café.
Disfruto de mi moca mientras te cuento.
El sabor placentero apacigua las preocupaciones.
Aquel día otoñal la piruleta despidió para siempre al ángel del carrito pastel.
Los del puente nunca más se apuraron para ver las horas en el Big Ben.
Y el mar acercó sus olas marsellanas a las últimas risas juveniles antes del derrumbe.
La abuela deseosa de brindar por sus años en el bar del barrio,
se fue sin chinchín con los frescos primaverales.
Y papá se quedó con la mano en el alféizar de agosto,
con su cinturón negro empujando con desesperación las puertas del armario.
¿Mañana?
¿Y si hoy te tomas un café conmigo?
Mañana, mañana ya se verá.
O no.
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