miércoles, 28 de abril de 2021

Recuerdos de una ausencia

Una tarde cualquiera dejaste en la mesa del salón las entradas para el concierto del mes siguiente. Tu agenda, como un gato complacido, se hizo un lugar en mi sofá, pero sus hojas blancas dejaron de ronronear después de tu última visita.

En el cajón de la cocina aún estaba la copia de tu llave, ingenuamente dispuesta a socorrerte, por si se te perdía el original.

Por fin a la sopa de verdura podía echar apio que tanto odiabas cuando llegabas de improviso a la hora de comer. Pero el apio sin tu compañía me quitaba el hambre y me hacía llorar descontroladamente. En la nevera seguía esperándote un trozo de tarta de queso con whisky y chocolate.

Ni siquiera él podía entender que ya no volverían los dulces momentos de nuestra amistad.

Cada vez que pasaba por la carretera con la señal hacia La Carolina maldecía de dolor pensando en el día en que elegimos ese nombre para tu confirmación. Durante el aniversario de nuestra graduación nos sonreías desde la foto, con tu eterna compañera balalaica, que al igual que tú desapareció sin previo aviso.

Y yo, contagiando de nostalgia la ciudad, que durante varios lustros era nuestra, me preguntaba por dónde peregrinarías.


 


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